Sobre mi

Ak’kinel nació de dos impulsos que siempre han convivido en mí: la necesidad de viajar y una fascinación profunda por todo lo que está hecho a mano.
Desde pequeña me han atraído los objetos que cuentan historias. Esos que no encuentras en ninguna tienda, que alguien hizo con sus manos, que llevan dentro el tiempo y el cuidado que les pusieron. Creo que todo empezó en el taller de mi abuelo, recuerdo verle trabajar con una paciencia infinita, tallando dornas de madera con una precisión increíble, cuidando cada detalle, mientras mi abuela cosía las velas a mano. Verles crear algo desde la nada, con tanto mimo, me fascinaba.
Viajando, me di cuenta de una realidad: detrás de las artesanías más espectaculares del mundo hay mujeres increíbles con un talento inmenso, pero que a menudo no tienen la visibilidad que merecen ni las herramientas para dar a conocer su trabajo más allá de su entorno.
Así que decidí convertir esa necesidad en mi proyecto y ser yo ese puente.
Ak’kinel conecta cooperativas de mujeres artesanas de todo el mundo con personas que, como tú, buscan algo más que decorar una habitación. Buscan una pieza con alma.
Y ahí es donde entra lo que más me gusta de este proyecto: cada pieza tiene su propio pasaporte. Un código QR o NFC que, al escanearlo, te abre la historia completa: quién la hizo, en qué rincón del mundo, con qué técnica que quizás lleva siglos pasándose de madre a hija. No compras un objeto. Compras una historia real, con nombre y cara.
Estoy en Barcelona, aunque una parte de mí siempre está en otro sitio. En los próximos meses estaré viajando para encontrar a las primeras artesanas que formarán parte de Ak’kinel y tengo muchas ganas de contaros este proceso.
Esto acaba de empezar. Y no puedo estar más feliz de que estés aquí desde el principio.

El futuro es artesanal.